un día en la vida

Si yo tuviera que pasar todas las tardes en Guanajuato a Café Tal, estaría contenta. Sentaría en el segundo piso, cerca de un balcón con macetas llenas de flores rosadas y brillantes, y con la brisa fresca entrando por las ventanas grandes. Podría sentar sola, para leer y escribir, y las únicas interrupciones serían el gato – Tal, quien vive en el café y inspiró el nombre del lugar – y el camarero con un capuchino de sabor casi tan bueno como su olor. (No soy una amante del café, pero aquí es tan rico que no tengo problemas con terminar una taza – si es más o menos leche con solo un toque del olor del café.) Sentaría aquí casi para siempre, y a nadie le importaría. No niego que yo no haría mi tarea muy rápido aquí. Es tranquilo. Tomaría una hora y media para leer seis paginas para mi clase de historia, pero con todo mi lentitud, estaría más meticulosa – buscaría cada palabra y nombre que no conozca y haga notas con cuidado, descansando con sorbitos de café y vistazos al callejón debajo de la ventana.

Pero todo eso es hipotético, por supuesto.

Las noches aquí no son tan tranquilos. En el centro, hay bandas de mariachi en la jardín, debajo de los árboles, cantando a los turistas sentando en los patios afuera de los restaurantes. (A mí, pienso que yo moriría de avergüenza si los mariachis vengan a mi mesa, pero los turistas parecen disfrutar los espectáculos.) También hay personas en disfraces de terciopelo negro, con mangas acampanadas y adornos dorados, quienes ofrecen darte un tour y la historia de los lugares más famosas en el centro. Grupos de estos tours viajan por los callejones con mucho alboroto, en particular al Callejón del Beso, el más famoso por su leyenda de amantes tan desafortunados como Romeo y Juliet. Si vas a la escalera marcado y besas tu amante, bajo de los balcones opuestos donde los amantes se encontraron, la superstición dice que vas a tener algunos años felices con est@ persona. Pero hay una trampa – si vas al callejón dos años seguidos con personas diferentes, vas a tener algunos años de suerte malo – con amor, supongo.

Bueno – regresamos a la noche en Guanajuato, cuando la ciudad brilla. El Pípila en su colina tiene su propio foco de luz, el Teatro Juarez y otros edificios grandes y ornamentados tienen luces, y el fuente en la Jardín de la Unión resplandece. En algunas aceras, hay luces en el suelo para guiar el camino – caminando por esas es como imagino sentiría ser una supermodelo pavoneando la pasarela. (Pienso que es por eso que tan muchas de las mujeres saliendo a los bares están en tacones.) Los faros de los coches crean destello en la calle cuando está mojada por la lluvia. Pero por fin de la noche, solo quieres el asiento trasero del taxi, donde todo es oscuro y silencioso. El taxi pasa por los túneles bajo la ciudad, pero no es el inframundo aterrador de Mictlán. Los túneles son útiles para la ciudad – hay un nivel para los coches, y otro más profundo para el agua de la temporada de lluvias. Hace mucho tiempo, la ciudad sufría inundaciones casi anualmente. Todavía en la ciudad, hay marcadores en las paredes de los edificios más antiguos que muestran la altura de aguas de la crecida – a veces más alta que tu cabeza, como dos metros o más.

Las mañanas son mis tiempos favoritos en Guanajuato. A las siete a las diez es tranquilo. Pocos coches en las calles, ningun@s turistas en el centro – solo la gente preparando para el día. Mujeres barrando las aceras, hombres reuniendo las hojas caídas en los parques, duen@s de tiendas lavando las paredes de sus edificios, y l@s vendedores en el mercado poniendo los productos en venta. Repartidores traen botellas de agua, cerveza, y Coca-Cola de los camiones en carretillas apiladas precariamente altas y siempre anticipo que una vez voy a mirar alguna de estos pilas hacen un mate con el suelo y botellas ruedan y explotan y rocían por todas partes.

A esta hora, una neblina está agarrando en las colinas entonces el sol no brilla fuerte. La temperatura es un poco “tibia” a 18 grados, entonces todos tienen suéteres o chaquetas. Como la gente se comporta, pensarías que fuera medianoche – pero el día empieza más tarde y la noche continua más luego aquí. Nunca he visitado Nueva York, pero imagino que a las cinco o seis de la mañana, sería como las mañanas aquí – no muerte, pero tranquilo. La ciudad, aun sí nunca duerma, descansa a esa hora.

 

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