méxico d.f., primera parte

Con una población de casi nueve millones personas, y una área metropolitano más de veinte millones, la Ciudad de México es una de las ciudades más grandes en el mundo. Era fácil a creer este hecho fantástico cuando vi la magnitud física de la ciudad durante mi visita el fin de semana pasada. Desde el Torre Latinoamerica en el centro, vi los edificios que estiran en cada dirección, tan lejos como puedes ver, desapareciendo en la neblina contra el fondo de las montañas.

Aunque fui en un viaje organizado por la universidad de artes plásticos, no pude limitar mi misma a solo las gallerías. Hay tanto para hacer y tanta historia a explorar en la ciudad con raíces profundas y ancianas que extienden a Tenochtitlán. Tuve que ir al Templo Mayor, las ruinas del sitio azteca excavada en los setenta después de trabajadores de una empresa de electricidad desenterraron por accidente la diosa Coyolxauhqui. Buena – era la piedra enorme que representa la diosa desmembrada, una imagen famosa ahora a través del mundo. La piedra está en el museo del Templo Mayor, y cuando la vi, me di cuenta que nunca entendía su tamaño real. Para darte una idea, la piedra pesa casi ocho toneladas – más que algunas de los tanques usados en las guerras mundiales.

Pudo haber pasado todo el día con todos los otros miles de artefactos (por ejemplo, los esqueletos de animales enterrados como ofrendas, como la pájaro en la foto) y el templo sí mismo. Afortunadamente, admisión a todos los museos en la ciudad es gratis a estudiantes, entonces no me sentí culpable por ir de museo a museo.

Siguiente fui al Palacio Nacional. ¿Estás familiarizad@ con Miguel Ángel y la Capilla Sixtina? Diego Rivera es como eso para el Palacio Nacional. Cada uno de sus murales, cuales representan la historia de México desde el periodo prehispánico hasta la Revolución, podrían ser la obra maestra de Rivera. Cada uno dice otro argumento; cada uno es un parte del edificio, integrado con los arcos y paredes. Es el tipo del arte que tienes ver en persona, para captar la realidad que un hombre logró todas aquellas pinturas, por no hablar del resto de sus obras.

Después de un día de caminando entre museo y museo, tome la oportunidad a quedarme sentada un poco – fui al cine. De las siete u ocho películas al cine, solo una era de México, y el resto eran de Hollywood con subtítulos en español. Mi pensamiento era, ¡no manches! No puedo imaginar una situación similar en los EE.UU. Es poco común a tener una película extranjera a un cine allá, y puedes olvidar la idea de tener una variedad de géneros. Bien, vi “Me estás matando, Susana”, con Gael García Bernal, ese encanto mexicano. Y aprecié todas las palabrotas… todavía estoy mejorando mi vocabulario de español.

Siguiente un día agotado de caminando y estirando el cuello para ver todo, solo deseé la cama al hostal. Me hospedé con otr@s estudiantes de la universidad, en un cuarto para 16 personas en total, tod@s en literas. El problema no era el hostal – era agradable y limpio y el agua para la ducha estaba caliente – era que l@s estudiantes mexican@s tienen más energía que yo. Ell@s salieron al medianoche a los bares, y no regresaron hasta las tres o cuatro de la mañana, y ya entonces no se acostaron. Hablaron en el balcón, al lado de mi cama, aparentemente al lado de mi cojín, y lamenté que no tomé sus invitaciones a salir con ell@s – por lo menos, podría haber tener sueño y divertirme en vez de solo tener sueño.

Debo agregar que aunque l@s estudiantes aprovecharon la oportunidad a beber, nunca he visto otr@s más académic@s. Para recuerdos, ell@s compraron libros a los museos y los mostraban con entusiasmo a sus amig@s. LIBROS.

Pasé el último día en la ciudad al Bosque Chapultepec, el parque público más grande en el hemisferio occidental. Estaba con mi amiga estadounidense y dos amig@s mexican@s. Al entrada del parque, la primera cosa que vimos era el rito de los voladores. Aprendí sobre este rito mesoamericano anciano en la escuela secundario, pero no me di cuenta que todavía está actuado. Lo que vi me fascina. Un hombre sentó arriba de una percha de treinta metros o algo, tocando una flauta, mientras los voladores giraron boca abajo, rodeando el poste en cuerdas atado a los pies. La escena fue algo fantasmal, con la música simple y el cielo cubierto de nubes, pero más que todo por resulto de mi miedo al pensamiento de colgando en el aire como uno de los voladores.

Más luego, después de más visitas a más museos, mis amig@s y yo deambulamos al borde del parque para encontrar la comida. Llegamos a una panadería, donde compramos tortas que una mujer las calentó, envolvió en papeles, y puso en cartones plásticos. No habían sillas o mesas en la panadería, pues fuimos a sentar en la acera para comer. No sé si sabes, pero conducta como eso no es común en los EE.UU. Sin embargo, en México, no pareció molestar nadie. Y a mí también, estuvo bien.

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