añoranza

Empezó cuando vi un tipo llevando un suéter de los Wisconsin Badgers (el equipo). Mi primera reacción era preguntarme ¿por qué a l@s Mexican@s importan los equipos de las universidades estadounidenses? Y también, ¿por qué a l@s American@s los importan? Mi siguiente pensamiento era de mi suéter de los Wisconsin Badgers. (¿Y por qué lo tengo? No me importa el partido.) Pero mi suéter está lejos, a casa, y de todos modos no hace suficiente frío aquí para llevarlo. Y eso me acordé que voy a perderme el otoño bonito allá.

Tengo que llamar el problema lo que es – extraño a mi patria, un poquito. Extraño aspectos de mi ciudad natal, de la ciudad de mi universidad, del Medio Oeste, de los EE. UU. y todo lo que es familiar. Por supuesto, mi añoranza tiene síntomas de “el pasto siempre es más verde del otro lado,” pero el pasto de verás es más verde allá, porqué Guanajuato es una ciudad y no hay muchas céspedes aquí.

Es cositas como eso, la falta del pasto, que me causan la añoranza. Extraño a cómo la gente del campo decir hola con la mano. En mi cuidad natal es común que cuando estás afuera caminando, tal vez para recoger el correo o sacar a pasear el perro, cada conductor@ que pasa dirá hola con la mano. No es súper amistoso, más como, “Sipi, reconozco tu existencia.” Pero todavía extraño a eso costumbre, en particular el otro día cuando fui a correr y pensé que un tipo pasando en coche me dijo hola con la mano, pero solo estaba ajustando la visera. Era demasiado tarde, porque ya le dije hola con la mano. Tonta.

Parte de la añoranza es de la necesidad a adaptarme a sistemas diferentes. Por ejemplo, extraño a la facilidad de las bibliotecas en los EE. UU. Aquí, la biblioteca es como una caja de chocolates, porque ¡NUNCA SABES LO QUE TE VA A TOCAR! Bien, quité mi frustración para seguir. Primero, se esconden las bibliotecas. Para llegar a la biblioteca del campus de historia y literatura, tienes que caminar por la cocina de la cafetería en el primer piso del campus, o alrededor del edificio hasta piensas que vas a estar perdida en las colinas y tener que vivir de los nopales. Por fin, cuando encuentras la biblioteca, la sistema para ganar un libro es complejisima. No puedes tomar prestado de la mayoría de los libros porque son “referencias.” Las opciones: sentar y leer en la biblioteca, hacer copias, o buscar algo útil en los estantes de libros que puedes prestar – libros en rústicas, impreso en las 60, con forros destartalados. Y si puedes encontrar un libro tomar a casa, solo puedes tenerlo una semana. ¡Disfruta! Por lo menos, las dificultades me enseñaron un agradecimiento nuevo para todas las bibliotecas que puedo visitar cuando regreso a casa.

Al mismo tiempo que extraño aspectos de la vida en los EE.UU., hay cosas aquí que imagino extrañaré cuando salgo de México. Incluso: los saludos. Si no te gusta el contacto físico, probablemente no te gustaría los saludos mexicanos. Todos saludan por nombre y si tienen una relación hasta un poco cercana, con un abrazo y dos besos (en la mejilla). Si no estás acostumbrada a esto, necesitas un poco práctica a adaptarte. Mi consejo – siempre vas a la izquierda. Pero es simpático que todos toman el tiempo a saludar uno al otro; es algo que podemos mejorar en los EE. UU.

Otra cosa buena aquí: me gustan los camiones. Usualmente un aventón en el camión es muy movido, ruidoso, y cuando bajas el olor de diésel te golpea en una ola de calor. Muchos de los camiones tienen tributos a Jesús – el básico es un rosario colgando del retrovisor, el supremo es un altar completo con un crucifijo y luces decorativas en el tablero de mandos. No hay horario para los camiones, entonces vas a la parada y esperas hasta un camión aparece. Sin embargo, hay una ventaja a los camiones aquí que no existe en los EE. UU. Si no estás en punto a la parada, puedes agitar la mano y el camión parará para ti, en la media de la carretera si es necesario.

Y finalmente, otra costumbre de aquí que me gustaría tener en mi patria: la gente aquí no tiene vergüenza de sus hábitos de dieta. Vi un tipo bebiendo una Coca a las 8:15 de la mañana. Aplauso. Me gustar estar con la gente quien come sus papas fritas sin vistazos furtivos como, “¿Oh no, quien va a verme?” y compra sus helados sin diciendo cosas tristes como, “¿Sería malo si yo…?” Obviamente todo en moderación, pero estadounidenses comen todos tipos de comida basura de todas formas, ¿entonces no sería mejor a aceptar eso?

Ahora si te preocupe por mi nutrición, debes. Jaja, estoy bromeando. Tengo que caminar mucha aquí, y hay tantas colinas que tengo un equilibrio.

Oh, qué bueno cliché para terminar mi ensayo sobre añoranza. Todo se equilibra.

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