cdmx, ronda dos

L@s estadounidenses tienen una tendencia a ver México en uno de dos maneras: en el lado negativo hay violencia, narcotráfico, y pobreza; en el lado positivo hay playas y ruinas y todo la vitalidad y el color de un paraíso.

Es el segundo aspecto que nuestro grupo de extranjeros vimos cuando visitamos los atracciones turísticas de la Ciudad de México el fin de semana pasada. Los taxis de color rosa clavel y blanco, los flores creciendo silvestre y otros vendido en ramos a puestos por los calles, el graffiti y los murales que cubre todos las paredes y las persianas enrollables de las tiendas. Tal vez es fantasioso, pero me gusta imaginar que l@s artistas/vándal@s no pueden aguantar la presencia de superficies grises. Hay las casas pintadas de colores brillantes – azules vivos, anaranjados subidos y gruesos, y amarillos que casi gritan. Hasta la obsidiana de México no es negro simple – tiene lustres de oro, de plata, o a veces, de una combinación de verde y púrpura que crea un arco de iris. En las chinampas de Xochimilco, el aire está lleno de mariposas blancas y aves cantoras y pedazos de polen que flotan como las semillas del diente de león, como si hay tanta vida que tuviera ir al cielo para extender por el espacio.

Pero los colores se desdibujan con el anochecer, cuando nos encontramos a la Arena México para conocer la lucha libre. Afuera había un calle normal – la taquilla, unos puestos de comida, y algunas casetas con las máscaras llamativas de la lucha libre. Adentro, todo aparte de la arena está en una oscuridad azul. El rugido de la muchedumbre expresó un entusiasmo distinto de otro que he oído a un evento deportivo.

La experiencia de ir a la lucha libre era más de lo que pasó en el cuadrilátero. A la lucha libre, todos los vicios de México entran en juego: la homofobia, la deshumanización de las mujeres, violencia (aunque es falsa), y muy innovadora grosería. Es como un episodio de la serie original “Viaje a las estrellas” (Star Trek). En “Retorno de los arcontes” la tripulación de la nave espacial Enterprise aterrizan en una ciudad de una planeta desconocida, minutos ante del principio de “la hora roja,” cuando se permiten todos tipos de violencia y crimen. El capitán Kirk, sus amigos McCoy y Spock, y el resto del destacamento de desembarco están sorprendidos por la transformación rápido de la sociedad que había parecido tranquila y reprimida. Si el argumento es familiar, es lo de La noche de expiación sin el trasfondo contra el comunismo. La lucha libre sirve objetivo similar a la hora roja, según la líder de nuestro grupo que visitó CDMX, en que es como una catarsis para la gente de la sociedad mexicana, la cual usualmente es más recta y reservada.

Al principio de cada partido, el presentador llamó los nombres de los luchadores, marrrrcando todas las errrrrrrrrrres. Unas mujeres en bikinis entraron para “bailar,” pero nunca en sincronía, lo que era algo patético, dado que su baile consistió en meneando las caderas y moviendo los brazos como unas bailarinas de disco. Durante este espectáculo mediocre, aparecían los luchadores encima de una plataforma a un lado de la arena. Llevaban puesto disfraces elaborados, a veces con capas o máscaras. Todo su ropa era de esa tela reluciente y elástico (¿De verdad es tejido? Parece más como el resulto de una accidente en un laboratorio.) usualmente encontrado a espectáculos de danza. Los luchadores corrían por una rampa hasta el cuadrilátero, donde los luchadores más cimbreños saltaron las cuerdas y posaron como gallitos.

Con el inicio de los partidos, la gente empezaron a gritar sus groserías más únicas para vitorear sus favoritos o abuchear sus enemigos. Un tema común era insultos a las madres de los luchadores, pero tengo que confesar que mi español me falló en descifrando algunas de las creaciones lingüísticas que oí. La mayoría de los gritos parecieron ser de los hombres, pero mujeres y niños eran parte del público también. ¡Es divertido para toda la familia!

Si soy sincera, las luchas realmente eran muy entretenidos. La lucha libre es como WWE, pero con mejores disfraces y menos esteroides. Había escenas acrobáticos que no puedo describir completamente – mejor que las veas para tú mism@. Las hazañas, las volteretas, las patadas, y los saltos del cuadrilátero crearon un espectáculo que a veces era más una rutina acrobática que una lucha. Sólo fingieron hacer daño a sus oponentes, como era obvio cuando miembros de equipos opuestos cacharon uno al otro, o cuando alguien en el suelo se quedó sentado y esperó para los otros terminar practicando sus hazañas.

Sin embargo, todo no era diversion. Tengo que hacer algunos críticos.

Primero, la homofobia. Es común en la lucha libre tener un “exótico,” un luchador quien se comporta gay y ostentoso. El “exótico” que vimos llevó puesto una faldita, dio volteretas después de haciendo caer a sus oponentes, y los besó en los labios contra sus luchas a escaparlo. Este aspecto del espectáculo era incómodo, en particular porque el muchedumbre lo disfrutó tanto. Pero tal vez si eres muy, muy optimist@, era un poco subversivo en que mostró un hombre “gay” y “afeminado” venciendo hombres más “macho.”

Segundo, hay luchadoras también, pero no ganen lo mismo prestigio o fama de los luchadores. Ellas luchan al principio de la noche, como los primeros actos de un concierto en que nadie va para verlas deliberadamente. No reciben el respeto como los luchadores y son despersonalizadas como las bailarinas en bikinis. Durante una lucha cuando la cabeza de una mujer chocó con la entrepierna de otra mujer, un hombre del público gritó, “¡Así es como le gusta, mi hija!”

En hecho positivo es que había un poco deshumanización de los luchadores también, y eso era divertido para un cambio. Un luchador quien se llama “Máscara” llevó puesto unos pantalones desmontable, y bajo los pantalones llevó puesto sólo ropa interior con “Papi” impreso en las nalgas. Entonces eso era un poco repugnante, pero había mucha animación de la multitud (de las mujeres, supongo) cuando quitó los pantalones. Por lo menos, él y las bailarinas eran iguales en desnudez. Otro luchador, “Máximo Sexy” (sí, muchos de los luchadores tenían seudónimos cómicos, como si eran aspirantes-encueratrices), no era mi preferido “tipo,” pero objetivamente, no hay manera para describirlo que no parece ser una línea de una novela erótica. “El hombre alto y despechugado se apartó, exhibiendo los desarrollados músculos de la espalda…”

Entonces la cuestión actual es: ¿debes ir? CLARO que sí. Espera divertirte y desaprobar, todo a la vez.

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